viernes, 5 de junio de 2009




Son las 8 de la tarde y los vagones del subte están semi vacios, ya pasó la hora del aluvión. Un pibe que no tiene más de 7 años sube en la estación Ángel Gallardo de la línea B y revolea a una bebé contra el asiento. Ella, asimila el impacto con la sabiduría del que aprende rápido. Sin perder tiempo, el pibe empieza con el pregón que apenas comenzado se vuelve inentendible. Casi nadie lo mira pero parece no importarle mucho. Luego de malabarear con unas botellas de gaseosa con agua se las deja a la beba y las reemplaza por pelotas. Él hace malabares, la beba toma agua del pico y el show llega a su fin. Sólo resta pasar y pedir y así lo hace. Mientras el pibe recorre el vagón, la beba lo mira atenta y decide extender el brazo mientras la palma de su mano mira hacia arriba. Y pide, una vez, otra. La mano se mueve torpe y su mirada busca los ojos de los pasajeros que prefieren mirar el piso. El nene se sienta a mi lado y me cuenta que hoy fue un día flaco, que los fines de semana se trabaja mejor, que va a la escuela y que su hermanita tiene apenas un año. El subte comienza chillar cuando decide detenerse y el parlante avisa: Estación Carlos Pellegrini, combinación con líneas C y D. Él la agarra del brazo y ella se para cómo puede, los dos se van y se pierden en medio de cientos de piernas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Flaco vo sos bueno y el blog me cabe... muy sutil... verdareramente sutil...

Agustín dijo...

Efectivamente me conoce por lo de Flaco, pero lo de sutil me deja dudas.